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viernes, 30 de mayo de 2008

"Los Kirchner y el suicidio de un pueblo"por Ernesto Poblet

El ayuda de cámara de la reina María Antonieta se acercó conmovido a su soberana, le anunciaba el caso angustioso de los menesterosos recién llegados hasta las proximidades del palacio de Versailles a pedir el pan que les faltaba. Ponen en boca de la distraída austríaca la respuesta despistada que talvez la condujo en su trágico derrotero hacia la guillotina: “Pues si no tienen pan que coman tortas…”

La alternativa que ahora conmueve a nuestros trabajadores del campo es la actitud lógica y fría de los chinos en la elección de alternativas para suplir al volátil proveedor argentino. Han transcurrido más de diez años de un comercio internacional sólido y sustentable. Los trabajadores del campo siembran directamente la soja mediante el modernísimo procedimiento transgénico, con la impecable ayuda de la tecnología de punta, con el mayor valor agregado sobre el producto, incluído antes, durante y después de las operaciones comerciales.
Se trataba de actividades internacionales en gran escala. Operadas por seres inteligentes, conscientes de una tarea donde todos ganaban y nadie perdía. Felices los chinos como nación bien surtida del proteico alimento. Felices los argentinos, pueblo y estado encontraron casi milagrosamente una veta-base para su ansiado desarrollo.
Tecnificóse el campo nuestro, los agricultores pequeños, medianos y grandes -como gustan de clasificar algunos ideólogos anticuados- compraban sus 4 x4 o viviendas mejores y reinvertían sus excedentes en optimizar ese negocio que les mandó Dios, su talento y su empeño. No sólo habían triunfado la organización y el entusiasmo natural que conlleva a una buena fortuna.
Los esfuerzos de las madrugadas diarias, el destemplado riesgo de la meteorología, el día a día de las zozobras de los emprendimientos privados, los laboratorios que superaban los resultados de sus experiencias científicas, era el universo sojífero que se abría camino en un mundo alimentario nuevo y creciente. Todavía hay gente que pretende demonizar al yuyito salvador.
Así como los irlandeses encontraron en el software la veta-base de su crecimiento sostenible, los argentinos se sentían premiados por la aparición de las agroindustrias como hadas madrinas de un luminoso milagro posible. Algo había sugerido el japonés Saburo Okita, un sabio ejecutor de la economía de su país que nos profetizó el triunfo a través de estas actividades, en las cuales nos reconocían sólidas ventajas competitivas.
Pero tuvo que hacer su aparición el Ogro Filantrópico. Octavio Paz -escritor y filósofo mexicano- lo ha descripto con ese nombre en un libro imperdible. Es el “Estado dadivoso”: un generador de parásitos, de matones erigidos en sádicos policías, de madres que hacen industria de “memorias” industrializadas. Una organización compleja que se cobija en la burocracia y el poder estatal, hábiles en acuñar slogans novedosos: “La redistribución de la riqueza” - “El modelo de la producción con inclusión” - “Los que menos tienen” - “La rentabilidad razonable” - “Los que ganan demasiado”.
Obsérvese cómo esta traviesa retórica esconde mentalidades improductivas e ideologizadas cuyos objetivos son siempre buscar un lucro inmoral basado en apoderarse de los bienes de aquellos que los producen y los generan. ¿Qué otra cosa hicieron desde el Estado Moderno personajes probadamente perversos como los dictadores Lenin, Stalin, Hitler, Mussolini, Mao, Castro, Chávez y los restantes de este siniestro gremio...?. Cada uno de ellos condujeron sus pueblos a situaciones de catástrofes, ninguno se salvó.
El Ogro Filantrópico actúa en pleno apogeo en la Argentina. Su última maniobra ha consistido en apoderarse ya no sólo de la ganancia legítima de los agricultores, ha incautado su propiedad privada al gravarle con las novedosas retenciones móviles su capital de reinversión, de trabajo, de reequipamiento y sus esperanzas de desarrollo sostenible, para bien de todos y no para mal de nadie.
Llámasele “hiena” a la persona que se ensaña con otras indefensas o vencidas. Los chacareros -bien lo dijo el ex gobernador De la Sota- no tienen cuentas en Suiza. Realmente son pasivos del ataque de las hienas de turno. Las hienas colectivistas preparan a la luz pública las violentas fuerzas de choque piqueteras, sin una pizca de institucionales.
Las implementan aquellos señores que detentan un inmenso poder en los órganos del Estado dadivoso y clientelístico. Operan sin el menor escrúpulo de llevar al país al borde de la guerra civil. Siguen convencidos que los trabajadores del campo –chicos, medianos o grandes- no van a pasar más allá de las arengas del entusiasta Alfredo de Angeli. Se ensañan con el chacarero de Gualeguaychú, les molesta que se haya atrevido a decir su valiente perogrullada : “..están aumentando la pobreza para que los vayan a aplaudir a los actos...”.
Hacen una cuestión de golpismo por el solo hecho de pensar el señor Buzzi que el matrimonio Kirchner es un obstáculo para el desarrollo. ¿Pero es que le falta razón al hombre de la Federación Agraria sabiendo todos los argentinos que las inversiones no van a llegar al país mientras permanezcan gobernantes que estatizan la rentabilidad, que confiscan el patrimonio de los productores a través de gabelas obtenidas por resolución de un ministro…? Al mismo tiempo paralizan la asistencia financiera evadiendo el pago de deudas internacionales y maltratando empresas que debieron huir despavoridas de este nuestro país…
No es honesto calificar de golpismo el solo hecho de señalar semejantes errores. Es el mismo insólito autismo en que incurrió el despiste de la pobre reina guillotinada.
HISTÓRICO EJEMPLO DE LA PROPIA CHINA
En 1978 se desarrolla un espectacular cambio en la China de Mao. La Banda de los Cuatro habían sometido la nación dentro del paroxismo de la estupidez. La “Revolución Cultural” no fue otra cosa que un delirante proceso que mezcló crueldades, persecución de inocentes, consignas enfermas de una izquierda irracional de crudo estatismo y alocadas utopías de inclusión social.
El Estado acaparaba todos los medios de producción y redistribuía la riqueza obviamente con “inclusión”, palabra no usual en aquellos tiempos pues todos permanecían incluídos en el régimen de hambre y miseria, ahí nada se reparte ni se distribuye. No hay eficiencia, producción o generación de riquezas genuinas, a ninguno de los imbéciles “cuatro” -incluída la viuda de Mao- se les ocurrió la menor idea salvadora, siguieron tozudos y perversos en su afán de dominio absoluto de las personas y los magros bienes que el sistema deparaba por cuentagotas.
Restaurado en el poder Deng Xiao Ping y ejecutados los cuatro de la banda y sus secuaces, comenzó el verdadero cambio traído por la más rigurosa necesidad con cara de hereje.
Una sequía muy grande -como todo lo es en China- se sumó a la depresión del precio de los granos. Más inflación, hambre, desabastecimiento y corrupción clientelística. Deng Xiao Ping fue el personaje capaz de solucionar los grandes males con los grandes remedios. Se saldría de la ortodoxia colectivista y adoptaría un atisbo del método de los cerdos capitalistas. Muy pequeño por cierto.
Pasaban los rústicos transportes por todas las chacras llevándose el total de las cosechas para la comercialización por parte del Estado “Benefactor”. Las magras remuneraciones estatales sumergían en la tristeza y el aburrimiento a los sufridos laburantes del campo. A Deng se le ocurrió permitir a los productores rurales comercializar ellos mismos -directamente- una ínfima parte proporcional de la cosecha como maniobra experimental.
Prácticamente el régimen se decidía por adoptar el despreciado derecho de propiedad. Los resultados fueron estupendos. El sólo pequeño estímulo llevó a multiplicar varias veces los rindes anteriores. Ganaban mucho más los agricultores, el propio Estado y los mismísimos consumidores.
Con el tiempo los gobernantes chinos -orientados por Deng- se convencieron de modificar sus sistemas colectivistas por los procedimientos capitalistas. Si bien no atenuaron sus metodologías totalitarias permitiendo las libertades públicas ni los derechos individuales occidentales, al menos supieron producir riquezas alentando los destapes que surgen de un cierto goce de la libertad individual, derecho inmanente que el estado debe preservar.
Llegó la noticia escalofriante. El diario Financial Times de Londres lo dice en escuálidas y frías palabras: China comenzó a buscar otras “fuentes alternativas” para la compra de soja frente a una Argentina “no fiable”. Una de esas “fuentes” son los productores norteamericanos. Habría que avisarles se acuerden de agradecer a sus benefactores los gobernantes argentinos.
Si María Antonieta creía fácil reemplazar el pan por las tortas, los Kirchner han sabido dejarnos a los argentinos sin el pan y sin las tortas. Salvo que se las ingenien para cobrarles retenciones por la mitad de lo producido, a los granjeros de Iowa.
*El autor es abogado, historiador y periodista.
epoblet@fibertel.com.ar

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